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Hacia nuevas fronteras: Filipinas, puerta de misión para Asia

La presidencia de la Comunidad Misionera de Villaregia visitó Manila en enero de 2026 para discernir la apertura de una nueva presencia misionera que impulse la evangelización en Asia.

Del 2 al 23 de enero de 2026 estuvimos en Manila con vistas a la apertura de una nueva comunidad.

El reciente viaje a Filipinas fue un verdadero tiempo de discernimiento, para comprender dónde y cómo el Señor está llamando a nuestra Comunidad a iniciar una nueva presencia misionera en Asia.

Para vivir este proceso en el terreno estuvimos tres personas:
Briseida Cotto, presidenta de la Comunidad; padre Antonio Serrau, vicepresidente; y padre Valerio D’Eliseo, miembro de la comunidad.

Fuimos acompañados por padre Jay A. De Leon, sacerdote filipino amigo, que se puso al servicio con gran disponibilidad para hacer posible este viaje y la organización de cada jornada, así como de las distintas visitas a las realidades locales.

P. Valerio D’Eliseo, Briseida Cotto y P. Antonio Serrau durante el viaje de discernimiento de la Comunidad Misionera de Villaregia en Manila, Filipinas.
P. Valerio D’Eliseo, Briseida Cotto y P. Antonio Serrau durante el viaje de discernimiento realizado en Manila (Filipinas) en enero de 2026, en vista de la apertura de una nueva misión de la Comunidad Misionera de Villaregia en Asia.

Fuimos a Filipinas con un objetivo muy claro: discernir dónde iniciar una comunidad, identificar una diócesis disponible para acogernos y comprender qué servicios misioneros y pastorales podría ofrecer nuestra comunidad, en fidelidad a su carisma y en respuesta a las necesidades concretas del territorio.

No se trata simplemente de “abrir una sede”, sino de sentar las bases para generar, con el tiempo, una presencia evangélica fecunda, inserta en la Iglesia local y orientada a la misión ad gentes.

En el diálogo con los pastores y con las diversas realidades que encontramos, surgió claramente una visión de largo plazo. La comunidad en Filipinas no será solo una presencia misionera local, sino que también tendrá la función de casa de formación para Asia, un lugar de acompañamiento vocacional y formativo para jóvenes provenientes de distintos países del continente que se preparan para llevar el Evangelio en Asia y en otros lugares de misión.

Al ser un país de mayoría católica, Filipinas podrá ofrecer una contribución decisiva al desarrollo de un dinamismo misionero ad gentes en otros países asiáticos donde el Evangelio aún no ha llegado, en plena sintonía con el carisma de nuestra comunidad, que nace para ir sobre todo donde Cristo todavía no es conocido.

Durante el viaje visitamos tres diócesis del área metropolitana de Manila: la diócesis de Malolos, la diócesis de Kalookan y la arquidiócesis de Manila.

En cada una de ellas nos encontramos con los obispos y con algunos responsables pastorales. Los encuentros estuvieron marcados por escucha, apertura y gran disponibilidad. Ahora la comunidad está llamada a concluir el discernimiento para comprender en qué diócesis iniciar este camino.

Durante las visitas conocimos diversas mission stations, comunidades eclesiales situadas en zonas periféricas o de reciente urbanización, donde la Iglesia está presente de manera esencial y misionera, muchas veces sin estructuras parroquiales estables. Son lugares donde el anuncio del Evangelio pasa sobre todo por la cercanía, las relaciones y la vida compartida.

También visitamos algunas resettlement areas (áreas de reasentamiento), barrios populares marcados por la precariedad habitacional y la pobreza, donde la Iglesia suele ser uno de los pocos puntos de referencia humano y espiritual para las familias.

Un aspecto muy importante del viaje fue el encuentro con diversas realidades religiosas y con miembros de congregaciones presentes en Filipinas desde hace muchos años. Escuchamos el testimonio de misioneros y misioneras que viven allí desde hace tiempo, así como de algunos laicos comprometidos de forma estable en la Iglesia local.

Estos encuentros, vividos en un clima fraterno, nos permitieron recibir valiosos consejos, conocer mejor los desafíos pastorales y culturales del país y dialogar con quienes ya recorren desde hace años caminos misioneros similares a los que nosotros estamos discerniendo.

Durante el viaje también visitamos una universidad, ya que se nos pidió evaluar un posible servicio de acompañamiento para los 43.000 jóvenes que estudian allí. Surgió con claridad la necesidad de procesos de escucha, discernimiento vocacional y formación para una vida cristiana adulta, un ámbito que podría formar parte plenamente de la futura presencia misionera.

Al concluir este primer discernimiento, la previsión —confiada a la oración y al camino comunitario— es iniciar la nueva misión en enero de 2027, con un primer grupo de misioneros y misioneras que partirán para dar inicio a la comunidad.

El camino permanece abierto y en escucha del Espíritu. Este viaje ha sido un primer paso, serio y compartido, que confiamos a Dios, convencidos de que la misión nace siempre de Él y crece solo cuando permanece arraigada en la comunión, en la Iglesia y en el servicio a quienes están más lejos.

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